Después de algún tiempo vuelvo a escribir. Estos dos últimos años han significado un gran mover en mi vida.
Doy gracias a Dios y a mi esposa, sin cuyo apoyo esto no hubiera sido posible.
En primer lugar, después de 8 años, estoy de regreso en Lima. A pesar de todas las posibilidades, he terminado la carrera de Administración de Empresas, la cual inicié hace ya… 31 años, y dejé hace ya 24 años – en el último semestre.
En lo académico, fue el mejor semestre de mi vida. Esto a pesar que llevé como 8 cursos en un mismo ciclo.
Del mismo modo, este año – al fin- tuve en mis manos los diplomas de Licenciatura en Misionología y la Maestría en Teología Pastoral.
En segundo lugar, estos tiempos también han significado valorar la visión original de ministerio, por la cual dejé mi ciudad hace tanto tiempo. Definitivamente soy un misionero, con visión y llamado original; con métodos que Dios mismo me ha encomendado.
Esto me recuerda el incidente en el cual el joven David, enfrentó a Goliat: Cuándo quiso utilizar las armas de Saúl, no se sintió cómodo. Su gigante debía ser derribado con las armas que Dios mismo le confió.
Todos tenemos un gigante que derribar; un gigante que se interpone entre el avance del reino de Dios y la realización personal. Un gigante que excede nuestras posibilidades – según lo que otros dicen, pero que uno, impulsado por su corazón (en donde Dios ya ha puesto el querer).
Hoy en día existe mucho benchmarking eclesiástico. Se toman como modelo de éxito y referencia otros ministros y ministerios. Por supuesto, a nivel empresarial – corporativo, el benchmarking es valioso. Proporciona un punto de referencia en el sector en el cual se mueve una empresa, para poder obtener indicadores de calidad, gestión y otros.
Esta herramienta es valiosa, si uno lo toma como un modelo a adaptar, según la clase de empresa y las circunstancias específicas de la misma.
Pero, en el ámbito bíblico, el benchmarking se hace comparándonos con la Palabra, con Jesús mismo. Por supuesto, podemos aprender, contrastar y adaptar lo que otros hacen. Pero otra cosa es copiarlos.
David enfrentó el gigante y lo derribó. Pero lo logró recurrió a sus recursos físicos, sus convicciones personales sobre Dios y sí mismo.
Creo que fue necesario que David probara las armas de Saúl… para que valorara y se afirmara en lo que Dios le había dado.
El valorarse en estas, fue lo que permitió a David derribar su gigante:
- Valore lo que ud. es – Su Identidad
- Valore Lo que ha logrado – Su Experiencia.
- Valore Lo Que Tiene – Sus Recursos
- Valore Los que Están Con Ud. – Sus Compañeros – Su Dios
- Valore Sus propios deseos y metas – Su Visión
Aprenda de los demás y de lo que hacen y como lo hacen; examínelo y elabore sus propias conclusiones. Pero no dependa de las convicciones, opiniones y metodologías de otros.
Recuerde, sea original; valore su singularidad y ese obstáculo que por tanto tiempo se interponía entre el donde está y el donde desea estar lo verá a sus pies.
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