Ciclos

Ciclos

Cerrar ciclos sin cerrar el corazón

Hay amistades que florecen en una estación de la vida y luego se desvanecen, no por traición, sino por el simple hecho de que los caminos divergen. Años después, un acontecimiento —una pérdida, un recuerdo— puede reavivar ese lazo.

Y uno descubre algo sorprendente: no desea volver al pasado, sino agradecerlo.

El verdadero cierre no es olvidae… es reconocer que aquello fue bueno, que cumplió su propósito, y que su eco sigue vivo en quien uno es hoy.

No todo lo que termina se pierde. Algunas cosas terminan… para quedarse para siempre.

No me considero viejo. Pero tengo 64 años. Mi cuerpo ya no responde como antes. Y precisamente por eso puedo dedicarme a reflexionar acerca de mi vida. Y esto es lo que intento hacer aquí.

Hace unos días, me enteré del fallecimiento de la abuela de unas amigas mías, de muchos años. La señora tenía 92 años. Según recuerdo, era muy jovial… y de espíritu joven.

La relación con unas amigas, ellas so hermanas, se había descontinuado hace como 20 años, más o menos. Creo que el asunto es que cada uno siguió su camino… Yo era bastante mayor, pero la amistad surgió —recuerdo— en el Hogar Camino de Vida, haciendo voluntariado. En su momento, ellas me ayudaron a integrarme, a salir un poco de mi introversión, aislamiento, y me regalaron una valiosa vida de comunicación intergeneracional, pues en los 90s ellas estaban iniciando su segunda década, y yo por entonces en los inicios de mis 30s. Puedo decir que congeniamos. Nos gustaban las excursiones, conversaciones casuales, etc. Varias veces estuve en su casa… ¡Gratos recuerdos!

Yo me fui a Trujillo a servir… ellas continuaron con sus vidas.

Para mí fue una lucha contactarlas para darles mis condolencias. Tontas ideas surcaron mis pensamientos, como por ejemplo: “Tantos años han pasado, y yo, como un fantasma de un pasado remoto, me contacto…”. Pero sí, debo decirlo: venció el cariño, quizás tan escondido que pensé que ya estaba en el cofre del olvido. Pero, gracias a Dios, venció la lucidez y escribí. No hubo respuesta de momento; esta llegó tras varias horas. Pero fue muy cálida. No la esperaba, y creo que pude aportar algo de humanidad y consuelo al contactarlas en esas circunstancias tan tristes.

Después, animado por ese acercamiento, por misterios de los algoritmos, encontré el TikTok de una de ellas. Me sorprendió el aplomo, la madurez y sensibilidad que tenía. Vi la inmensa evolución de una chica que conocí muy joven, a toda una influencer: auténtica, sin poses, sin pretensiones.

Mi vida no ha sido fácil, y creo que desde esa versión mía de los años 90, mucha agua ha pasado debajo del puente. Ahora sé que cada herida, cada traición, cada dolor son como medallas de experiencia, de una vida que, con aciertos y errores, es mía, con todas las experiencias —buenas y malas— y personas que la conforman.

Y entendí: es posible, y hasta muy bueno, mantener los recuerdos, las vivencias, las alegrías, las penas de una época muy querida de mi vida… pero que sucedió hace 30 años. Justamente debido a los caminos que tomamos, pretender juntarnos y repetir todo lo vivido y compartido es imposible. Hay distancia física, decisiones y experiencias que se interponen entre nosotros. Pero… ¿qué queda entonces?

Pues, precisamente ese sentimiento de humanidad, ese cariño y gratitud por lo vivido. Es lo interno, lo que reconozco que contribuyó a ser lo que soy. Y es a ese respecto que me alegra la clase de personas en que se convirtieron. Sé positivamente que cada quien siguió su camino. Pero estoy feliz porque están bien. Estoy feliz de que mi introvertido yo saliera de su caparazón para, de alguna manera, consolar su pena…

Y es a partir de esto que he cerrado este ciclo. No me malentiendan: no el afecto, no la relación, sino la expectativa de encontrarme con las mismas personas que fuimos en los 90s. Si acaso nuestros caminos se acercan ahora, no lo sé. Pero si decididamente esto ocurre, estaré abierto a nuevas experiencias, vivencias… y aún esta nueva etapa también forma parte del acervo de la amistad. El ciclo del ayer se acabó. Quizás es el motivo por el que la Providencia puso la ocasión de contactarlas. Pero tanto si volvemos a frecuentarnos o no, soy feliz.


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