Estas semanas, el ruido causado por el documento Mater Populi fidelis ha sido tal que, recientemente, en la práctica, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF) dio marcha atrás ante fundamentadas críticas de mariólogos y del mismo pueblo fiel.
El cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF), sí tuvo que matizar y, en la práctica, retroceder ante la fuerte respuesta de teólogos, mariólogos y el pueblo fiel tras la publicación de la nota Mater populi fidelis (4 de noviembre de 2025).
¿Qué dijo inicialmente el documento?
- Desaconsejaba de forma categórica el uso de los títulos “Corredentora” y “Mediadora de todas las gracias”, calificándolos como “siempre inapropiados” o “siempre inoportunos” (según la traducción).
- Sostenía que tales títulos “oscurecen la única mediación de Cristo” y eran “pastoralmente ambiguos”, incluso si expresaban verdades teológicas.
¿Cuál fue la reacción?
La Asociación Mariana Internacional (IMATC) publicó el 8 de diciembre —en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción— una respuesta de 23 páginas, firmada por más de 40 mariólogos de prestigio internacional (incluidos Scott Hahn, Mark Miravalle y Michael Sirilla), en la que:
- Denunciaron que el documento ignora siglos de enseñanza pontificia.
- Señalaron que reducir el papel de María a una mera figura pasiva se asemeja más a una visión protestante que católica.
- Recordaron que Pío XI, Pío XII, Juan Pablo II y otros papas usaron y explicaron esos mismos títulos sin ambigüedad.
- Calificaron la nota como un “antidesarrollo de la doctrina”.
Además, hubo cartas, súplicas y movilización del pueblo fiel, incluida una súplica filial al Papa León XIV, expresando “consternación y desasosiego”.
También destacó el silencio significativo de los mariólogos institucionales (como la PAMI y el Marianum), que, según el padre Gronchi, “puede interpretarse como disensión”.
¿Y la respuesta de Fernández?
Ante esta presión, el 25 de noviembre de 2025, en una entrevista con Diane Montagna, el cardenal Fernández matizó fuertemente su posición:
“El título de Corredentora es, a partir de ahora, ‘siempre inapropiado’ en documentos oficiales del Magisterio, pero aún puede utilizarse en debates, grupos de oración y devociones privadas.”
Este giro es crucial:
Ya no se dice que el título sea teológicamente erróneo, sino que su uso está restringido solo al ámbito oficial.
Se reconoce implícitamente su legitimidad en la piedad y teología privada, lo que contradice el tono inicial del documento, que lo presentaba como peligroso o confuso en general.
Sí, hubo un retroceso real. No fue una retractación formal, pero sí una corrección táctica motivada por:
- La autoridad de la tradición mariana,
- La voz de los expertos,
- Y el sensus fidelium —ese “instinto de fe” del pueblo creyente que el Vaticano II reconoce como infalible in credendo.
Mi opinión
Este episodio muestra que, aunque la burocracia vaticana puede intentar imponer visiones minimalistas, la Iglesia viva —teólogos, santos, fieles— sigue custodiando la plenitud del misterio mariano.
El DDF no se basa en una evaluación teológica colegiada, ni en la tradición viva de la Iglesia, sino en criterios pastorales selectivos que parecen responder más a una agenda ideológica que a un discernimiento doctrinal integral.
1. ¿De dónde saca autoridad el DDF para detener el desarrollo teológico?
Formalmente, el DDF tiene la tarea de custodiar la integridad de la fe y evitar errores doctrinales. Pero no tiene la autoridad para congelar el desarrollo dogmático legítimo de la Iglesia, especialmente cuando ese desarrollo:
- Está arraigado en la Sagrada Escritura (María como Nueva Eva, madre de los vivientes en la redención),
- Ha sido enseñado por los Padres de la Iglesia,
- Ha sido afirmado en múltiples formas por doce papas a lo largo de cuatro siglos,
- Ha sido integrado en documentos conciliares (como Lumen Gentium 58),
- Ha sido cultivado por centros académicos especializados (Marianum, PAMI, IMATC).
El desarrollo dogmático no es una invención: es el fruto del sensus fidelium, de la oración, de la teología y del discernimiento eclesial a lo largo del tiempo. Así nacieron los dogmas de la Inmaculada Concepción y la Asunción. Y en ambos casos, hubo resistencias iniciales… que la Iglesia superó al escuchar la voz del pueblo santo de Dios.
2. ¿Qué criterio usa el DDF entonces?
Según el propio documento Mater populi fidelis y las declaraciones del cardenal Fernández, el criterio no es teológico, sino pastoral y ecuménico:
- “Evitar confusiones”: como si los fieles no pudieran comprender que María coopera subordinadamente en la redención.
- “Facilitar el diálogo ecuménico”: como si la verdad católica debiera silenciarse para no molestar a otras confesiones.
- “No es necesario afirmar nuevas verdades”: una postura que, en la práctica, cierra la puerta al Espíritu Santo, que sigue conduciendo a la Iglesia “a la verdad plena” (Jn 16,13).
Esto no es discernimiento; es ideología: la de un minimalismo mariano que, bajo la bandera del “cristocentrismo”, termina por negar la lógica misma de la encarnación, donde Dios elige asociar a una criatura humana a su obra salvífica de modo único.
3. ¿Es imposición ideológica?
Cuando:
- No se consulta a los especialistas reconocidos,
- Se ignoran siglos de enseñanza pontificia,
- Se desprecia la devoción del pueblo fiel,
- Se silencia el capítulo VIII de Lumen Gentium,
Entonces sí, hay una imposición ideológica: la de una visión reducida de la redención, influida más por ciertas corrientes teológicas modernas (de corte neoprotestante o secularizada) que por la catolicidad plena de la tradición.
Como señala con claridad la respuesta del IMATC:
“Proponer una redención basada en un ‘solo Jesús’, desprovista de todo valor redentor humano por parte de María, parece asemejarse más a una teología protestante de la redención que a la de la Iglesia Católica.”
Eso no es una acusación gratuita. Es un diagnóstico teológico serio.
Conclusión
El DDF no se basa en la Tradición, ni en el Magisterio completo, ni en la comunión con los mariólogos, sino en una lectura selectiva y funcional de la fe, que prioriza la “claridad ecuménica” sobre la profundidad católica.
Y en ese sentido, sí parece haber una intención ideológica: la de redefinir el papel de María no desde la contemplación del misterio, sino desde una lógica burocrática y diplomática.
Pero la Iglesia no es una ONG ecuménica. Es la Esposa de Cristo, y su fe no se negocia para agradar, sino que se anuncia en su plenitud.
### ¿Por qué tanto problema? No se cambio la doctrina..
No se trata solo de “palabras”, como si los títulos fueran meros adornos devocionales. El lenguaje transmite doctrina, moldea la fe y configura la piedad. Por eso, desde los primeros siglos, la Iglesia ha luchado por las palabras correctas:
– Homoousios y no homoiousios en Nicea,
– Theotokos y no Christotokos en Éfeso.
Una sola letra o una sola palabra podía significar la diferencia entre fe y herejía.
**¿Acaso no dice la Escritura que debemos dar “honra al que la merece”?**
¡Exactamente! San Pablo es claro:
> “Den a cada uno lo que le es debido: el tributo, al que les pide el tributo; el impuesto, al que les pide el impuesto; el respeto, al que les pide respeto; la honra, al que le es debida.”
—Romanos 13,7
Y si esto vale para las autoridades humanas, ¡cuánto más para quien fue enriquecida por Dios más que ninguna criatura!
María, “llena de gracia” (Lc 1,28), “bendita entre todas las mujeres” (Lc 1,42), “de quien nació Cristo según la carne” (Rom 9,5), merece no solo respeto, sino una honra singular, porque Dios mismo la honró de modo único.
Negarle un título que expresa una verdad teológica —aun si es “solo un título”— es negarle la honra que le corresponde por gracia divina. Y eso no es neutralidad: es una forma de ingratitud teológica.
Pero hay más: el lenguaje forma la conciencia de la fe
Cuando se dice:
** “Es lo mismo, solo cambiamos las palabras; la doctrina sigue igual”,**
– Se desconoce que la doctrina se expresa, se transmite y se vive a través del lenguaje.
– Si dejamos de llamar a María Corredentora, aunque sigamos creyendo que cooperó en la redención, su papel se vuelve vago, abstracto, casi irrelevante.
– Si silenciamos que es Mediadora de todas las gracias, aunque creamos que intercede, diluimos su misión maternal universal.
** Si el Magisterio prohíbe o desaconseja esos títulos en la liturgia y en la catequesis, no se trata de una “mera sugerencia pastoral”: se está modelando la fe futura de millones.**
### En resumen:
No, no es lo mismo: el lenguaje no es neutral.
– Sí, María merece honra, y esa honra incluye nombrarla conforme a su misión real en la historia de la salvación.
– Sí, la Biblia nos manda dar honra a quien la merece —y nadie, después de Cristo, la merece más que Ella.
Como decía san Luis María Grignion de Montfort:
>“Dios no se glorifica en una criatura tanto como en la Santísima Virgen; y por tanto, quien la honra, honra a Dios mismo.”
Y en una época en que tantos creyentes ya no saben quién es María ni qué papel tiene en su vida espiritual, retirar esos títulos no protege la fe: la empobrece.


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